Rechazo

Cuando se plantea el veganismo es frecuente que, casi de manera automática, surja algún tipo de rechazo. Este rechazo se suele plantear sin razonamiento alguno, al contrario, suele estar basado en estereotipos que hemos heredado de la educación que recibimos y la sociedad en que habitamos.

Puesto que se presentan de esta forma, suelen ser argumentaciones reiterativas. Podemos, pues, hacer aquí un listado de las más frecuentes y ver como en ningún caso se sostienen.

Antes de pasar a verla, hemos de aclarar un par de cuestiones. En primer lugar hay que dejar claro que el veganismo se basa en valores morales. Por tanto, toda argumentación que pretenda ignorar dichos valores (que, recordamos, son los valores ordinarios de nuestra sociedad) no podrá ser considerada como válida. Lo mismo podemos decir si la argumentación es de carácter especista.
Y, en segundo lugar, te vamos a pedir que seas honesto contigo mismo. Que admitas que, al igual que todo el mundo, cuando te sientas a la mesa no estás pensando en si las plantas sufren, si las proteínas no son suficientes, si los animales de granja se extinguirán, si los animales salvajes se comen entre ellos o si no pueden tener derechos porque no tienen obligaciones. No, cuando nos sentamos a la mesa, igual que cuando nos ponemos una prenda hecha con la piel de un animal o cuando vamos a un zoológico, no estamos pensando en esas cosas. Únicamente pensamos en satisfacer un placer. Por lo tanto hay que ser honestos y reconocer que lo que realmente buscamos es eso, la satisfacción de placeres. Reconocerlo es fundamental para poder entender realmente cual es nuestra posición en el planteamiento realizado.

Listado de objeciones más comunes

Índice

Desarrollo

  • Los humanos estamos por encima
    Es una argumentación irrelevante para la cuestión que se plantea, que es la de no usar la vida de otros para satisfacer placeres nuestros. Además, este tipo de planteamiento podría no detenerse simplemente entre humanos y resto de animales. A lo largo de la historia lo hemos visto empleado en cuestiones como la diferencia de sexo o de raza. Incluso compartiendo ambas, las injusticias por posición dominante han sido comunes, pero nunca moralmente aceptables.
  • Las plantas también son seres vivos (o: las plantas también sufren)
    No consideramos a otros simplemente por vivir, sino por su capacidad para sufrir o disfrutar. Por lo tanto, que las plantas sean seres vivos no es motivo suficiente para considerarlas.
    En cuanto a que las plantas sufran, eso, desde un punto de visto puramente biológico, no es cierto. Para sufrir es necesario poseer un sistema nervioso central. Las plantas ni poseen algo así ni nada que se le pueda asemejar. No tiene, por tanto, nada que transmita información ni mucho menos nada que la procese y la dote de sentido. Y esto es así por una simple razón: la capacidad de sentir dolor es una característica evolutiva. Los animales que sentimos dolor podemos actuar contra él; en cambio, las plantas no pueden hacer nada pues no pueden desplazarse o protegerse de otro modo, luego no tendría sentido que tuvieran esa capacidad de sentir algo que no les serviría nada más que para sufrir.
    Es cierto que, periódicamente, aparecen estudios que dicen que las plantas reaccionan ante ciertos estímulos o se comunican entre ellas de cierto modo. Esto no es incompatible con lo aquí descrito. Que posean esas características no significa que deban ser consideradas moralmente por lo ya señalado. Las bacterias también poseen características similares así como muchas otras células. Incluso seres inertes reaccionan ante su entorno.
    Hay que añadir que, incluso si quisiéramos considerar el valor como seres vivos de las plantas, por algún planteamiento de tipo místico o naturalista, una alimentación basada en ellas sería la más coherente, puesto que la ganadería utiliza muchísima más plantas que las que podríamos consumir los humanos directamente. Además, muchos vegetales que consumimos son frutos, no se elimina la planta. Y en muchas otras ocasiones la planta ya ha terminado su ciclo vital y está muerta cuando es cosechada.
  • Necesitamos proteínas (u otros nutrientes)
    Es cierto, pero eso no significa que todo eso no lo podamos obtener de una alimentación vegetal, al contrario. Una dieta vegana es apta para toda la población humana y para todas las fases de su vida1.
  • Los animales se comen entre sí
    Los humanos (no todos pero sí los que decidimos sobre el curso de la sociedad) somos lo que se denomina agentes morales. Esto quiere decir que nuestra forma de actuar se basa en principios morales, no en comportamientos instintivos o de otro carácter. Por lo tanto, como actúen los animales es irrelevante para nosotros. De lo contrario, tendríamos que asumir no solo la alimentación (lo que incluye, por ejemplo, no procesar los alimentos) sino también vivir sin medicamentos o transporte.
    Además, los animales no pueden elegir de qué alimentarse, mientras que nosotros sí.
  • Los animales no pueden tener derechos pues no tienen obligaciones
    Esto es un planteamiento especista pues muchos humanos (niños o discapacitados psíquicos) tampoco pueden tener obligaciones pero no por ello le negamos derechos. Es más, incluso humanos que reniegan de sus obligaciones les seguimos manteniendo derechos. Además no existe ninguna relación entre tener derechos y tener obligaciones, es una imposición de tipo jurista que en ningún momento tiene por qué ser aceptada (y que en la práctica, como hemos visto, no lo es).
  • Somos omnívoros, debemos comer de todo (o: no es sano)
    El ser omnívoro no significa que debamos comer de todo, sino que podemos comer de todo, lo que es muy diferente. Puesto que podemos alimentarnos de una manera totalmente sana únicamente a través de vegetales, no tiene justificación moral no hacerlo1.
  • Los animales de granja no vivirían (o se extinguirían)
    Esto es un planteamiento que pone por encima el valor de la especie al del individuo. Lo que hay que considerar es la capacidad de sufrimiento o disfrute del individuo, las especies no la tienen. Si las granjas no existieran ese espacio lo podría ocupar vida salvaje, la existencia de vida no depende de la intervención humana.
    En cuanto a que se extinguirían, esto tampoco tendría importancia por lo ya señalado; además, las especies de granja no tienen valor biológico pues son razas creadas por los humanos a partir de especies salvajes.
  • El ser humano evolucionó comiendo carne
    Sin entrar a valorar en si esto es cierto o no, el cómo evolucionaran los humanos es irrelevante. De lo contrario, si le diéramos validez moral a las acciones de nuestros antepasados, tendríamos que vivir como lo hacían ellos. Por el contrario, nuestra sociedad nada tiene que ver con las situaciones primitivas del hombre, por lo que no tiene sentido considerarlas.
  • Si todos fuéramos veganos no habría recursos para cultivar tanta planta
    Lo que actualmente sucede es justo lo contrario: no hay recursos para cultivar tanta planta como necesitan los animales que usa la ganadería. Las selvas tropicales se deforestan continuamente para obtener espacio para nuevas plantaciones de comida para vacas, gallinas, cerdos, etc. La ganadería consume muchísimos recursos, tanto de terreno como, por ejemplo de agua. La mejor forma para reducir los recursos que los humanos empleamos es adoptar el veganismo.
  • Nuestra economía depende de ello (o: qué pasa con los puestos de trabajo que genera la ganadería)
    No se puede sustentar la economía en negocios inmorales; de lo contrario, muchos trabajos que hoy se consideran ilegales deberían ser legalizados. Además, el hecho de ser vegano no implica dejar de alimentarse, vestirse o divertirse. Únicamente se necesita una reconversión de negocios no éticos a otros que sí lo sean.
  • Los animales están para servirnos (por Dios o por superioridad)
    Este pensamiento es consecuencia de considerar al resto de animales simplemente como recursos. El problema es que esto mismo se puede aplicar a los humanos (y así ha sido durante épocas pasadas). Que ya hayamos superado este prejuicio para los humanos pero no para los animales es consecuencia del especismo.
    Sobre la supuesta superioridad humana, nos remitimos a lo explicado en el artículo sobre los valores morales.
    En cuanto a entrar en cuestiones religiosas, las argumentaciones se vuelven complicadas por el hecho de que las religiones no están abiertas al debate. Imparten una serie de valores que se han de aceptar sin posibilidad de rebatirlos. Además el origen de esos valores suele ser de carácter místico e indemostrable, por lo que no está sujeto a cuestiones éticas.
    Sin embargo, sí se pueden encontrar grupos de defensa animal en todas las religiones, donde tendrán argumentaciones basadas en los valores que esa religión predique. A modo de ejemplo, y centrandonos en el Cristianismo que es la religión más popular en España, podemos decir que dentro de La Biblia, en el Génesis, Dios indica claramente al hombre que deberán alimentarse de plantas y semillas.
  • Está mal maltratar animales pero es normal alimentarse de ellos (o usarlos)
    Aquí surgen dos objecciones. En primer lugar que algo sea normal no indica que sea algo éticamente aceptable. Podemos mirar al pasado y ver como cosas que eran normales (por ejemplo, la denegación del voto femenino) ya no lo son. Hay que ser consecuentes con nuestros valores morales siempre y no escudarse en lo que una sociedad, en su mayoría, pueda hacer.
    Por otro lado, es imposible matar a un animal sin causarle maltrato (además de hacerle sufrir le estaríamos privando de seguir disfrutando). Es una incongruencia pretender las dos cosas. Si realmente consideramos que está mal maltratar animales (y no hay duda de que lo está) hemos de ser consecuentes con ese pensamiento y no, por el contrario, ser partícipes de ese maltrato.
    Y lo mismo sucede si no los matamos pero los usamos. Cuando un animal es sólo un recurso y su vida propiedad de un humano, es simplemente un esclavo. Y Puesto que la esclavitud humana está abolida, sería especista considerar que la animal es aceptable.
  • Preocuparse más por los animales que los humanos es enfermizo (o: los problemas de los humanos son más importantes)
    Esto es un planteamiento claramente especista. La gravedad del problema no depende de la especie a la que se pertenezca, sino del sufrimiento que genere y el impacto que tenga en el individuo. Por poner un ejemplo, hay que atender antes a un individuo desnutrido que a otro que presente una pequeña herida (como vemos, la pertenencia a la especie es irrelevante; siempre se atenderá antes al desnutrido, sea humano, gallina o pez).
    Por otro lado, preocuparse de unos problemas no significa no poder preocuparse de otros.
  • Es parte de nuestra cultura (o: siempre ha sido así, es lo normal)
    Que algo sea catalogado como cultura sólo quiere decir que es costumbre hacerlo, pero no nos dice nada sobre su moralidad. Durante siglos, en España fue parte de su cultura los autos de fe, y hoy no los aceptaríamos.
    Lo mismo sucede con el término normal.
  • Hay que respetar los modos de vida de otros humanos (o: no se puede imponer tus creencias)
    El respeto es importante, pero no es éticamente aceptable pedir respeto cuando a su vez no se está dando a otros. Si yo robo a alguien no puedo pedir luego respeto para que no me detengan; y lo mismo si asesino. El respeto es un derecho moral, pero siempre hay que considerar el respeto de todos los individuos afectados (que son aquellos que tienen la capacidad de sufrir y de disfrutar, pues es lo que protege el respeto).
    En cuanto a una imposición de creencias, hay que decir que el veganismo no es una creencia. Es un estilo de vida consecuente con nuestra moral y basado en la justicia. Puesto que vivimos en una sociedad con unos cimientos similares, no es imposición defenderlos sino coherencia y justicia.
  • Si no controlamos a los animales salvajes lo destruirán todo (o: hay que evitar que se conviertan en plagas)
    En primer lugar hay que decir que llama la atención que, quien plantee este tipo de objeción, no vea que pertenece a la especie que realmente es una plaga y destruye todo. Sin duda, un planteamiento así es consecuencia del especismo.
    Por otro lado, todos los animales tienen el mismo derecho a la vida porque en todos los intereses básicos son los mismos. Luego no existe justificación moral para eliminar la vida de unos porque podrían afectar al bienestar de otros.
    La cuestión de las plagas pueden suponer un problema simplemente porque la naturaleza ha perdido la capacidad de regulación que tenía al verse afectada por la intervención del hombre. Pero será un problema que habrá que solucionar sin recurrir a soluciones que no aplicaríamos en humanos.
  • Podemos obtener recursos de los animales (huevos, leche, lana, trabajo, etc) sin matarlos
    El mayor interés de un animal no es permanecer vivo, sino no sufrir dolor y disfrutar. Podemos ver en humanos como llegado el caso y ante dolores terribles prefieren terminar con su vida.
    Cuando un animal es explotado sus intereses no solo no se cumplen sino que se tergiversan. Así, un animal explotado sufre dolor y no disfruta, es la simple consecuencia de ser considerado como recurso. Por lo tanto, que no se le mate no convierte la explotación en éticamente aceptable.
    Esto como teoría, pero desde un punto de vista práctico aunque no se mate al individuo que produce el recurso sí se matan a otros. Así, por ejemplo, para obtener huevos se matan los machos que nace; para obtener leche se separa a la cría y posteriormente se la mata; etc. Incluso el mismo animal, puesto que es valorado en función del dinero que produce, acabará muerto mucho antes de lo que podría haber vivido sin haber sido explotado, dado que su vida estará ligada a su rendimiento.
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