Trabajo

En nuestro trabajo (o estudios) también nos podemos encontrar problemas. Al fin y al cabo, la explotación animal existe, fundamentalmente, como actividad económica, por lo que es en el trabajo donde está el origen de la misma.

Es posible que, nuestro trabajo, esté directamente relacionado con la explotación animal. Si trabajamos en un zoológico, en una carnicería, experimentando con animales, etc. Ante esta situación solo nos cabe buscar otro trabajo.

Por otro lado, puede ser que nuestro trabajo no sea partícipe al 100% de la explotación animal pero sí en parte. Aquí nos encontraríamos en el caso de trabajo en supermercados, restauración y otros no relacionados con la alimentación, como venta de productos experimentados en animales, etc. En estos casos deberíamos plantearnos si nosotros, como veganos, seríamos clientes del negocio para el que trabajamos. Es decir, si trabajamos en un supermercado, ¿iríamos a hacer la compra a él? Es bastante probabale que la respuesta sea sí, porque sí que existirán productos carentes de explotación animal. También podemos intentar que, dentro de un trabajo donde en el conjunto se exploten animales, nosotros nos ocupemos de una parcela donde no se produzca dicha explotación. Del análisis de estos factores encontraremos la respuesta sobre si nuestro trabajo es consecuente con nuestra moral.

Otro tipo de problema que puede surgir es que no se lleve a cabo ningún tipo de explotación animal pero sí tengamos que servirnos de herramientas en las que exista esa explotación (ropa fabricada en cuero, por ejemplo) o que lo desarrollemos de manera temporal en sitios donde se lleva a cabo explotación animal (realizar una instalación eléctrica en una carnicería, etc). Para el primer caso podemos buscar alternativas realizadas en materiales sintéticos, cada vez más presentes en el mercado. También hemos de valorar qué cantidad de productos se van a utilizar, su impacto, etc. Al igual que en el caso que hemos comentado del supermercado, sería bueno plantearse si seríamos clientes de ese negocio. Para el segundo caso, salvo que se convierta en algo habitual, no deberíamos planteárnoslo como un problema.

Por último, hemos de decir que lo que no podemos hacer es trasladar la responsabilidad. Si vendemos abrigos de piel no podemos decir que el responsable de que haya abrigos es quien lo compra y que si nadie lo comprara no se harían; nosotros igualmente somos responsables, dado que si nadie los vendiera no se fabricarían tampoco. Hemos de ser consecuentes con nuestros actos y valorar la situación, sin dejar de ser realistas.

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